Von Däniken y su tropa

La cantidad de disparates vertidos por pseudohistoriadores y pseudoarqueólogos en el siglo XX y el actual es enorme. Se hacen llamar alternativos, pero en realidad son vendedores de patrañas y de interpretaciones alucinógenas de la historia. Uno de los ejemplos más recientes lo tenemos en España, con la serie Planeta encantado, una cosa cuyo objetivo era provocar sanas carcajadas en el televidente, es de suponer. Una crítica puntual de este producto está disponible en este enlace de la web Magonia.

Los encantadores de planetas, inventores de extravagantes seres con capacidades tecnológicas y poderes sobrehumanos, tienen un curioso antecedente: Howard Phillips Lovecraft, el famoso autor de terror gótico-cósmico materialista. Lovecraft era un personaje raro pero sensato, y no vendió ninguno de los productos de su mente como algo real, como historia oculta o alternativa, sino como pura ficción. Sus cuentos, lejos del sentimentalismo del saldo de los divulgadores de la industria de los misterios, nos presentan a unos seres cósmicos que aguardan escondidos los buenos tiempos en que puedan dominar de nuevo la Tierra y todo el cosmos. Cthulhu es un amigo íntimo para los buenos aficionados al escritor de Nueva Inglaterra.

De forma más o menos evidente, como argumenta Jason Colavito en The Cult of Alien Gods, Lovecraft (y otros) sirvió de inspiración a personajes como Erich von Däniken, Robert Bauval, Graham Hancock o Zecharia Sitchin. El más famoso es von Däniken, un hostelero suizo que en lugar de un doctorado en egiptología tenía una etiqueta de anís El mono, como dijera ese gran investigador alternativo que era el de la Calzada. Von Däniken debió pensar -y acertar, desgraciadamente- que a la masa de curiosos la historia abordada científicamente le resulta aburrida porque hay que pensar mucho y tener en cuenta infinidad de factores, así que era mejor aprovechar un par de tópicos como los extraterrestres y sus visitas en el pasado para inventarse de la nada una nueva historia antigua con la que forrarse vendiendo cosas como Recuerdos del futuro.

De esta forma, los alienígenas y desconocidas civilizaciones imaginadas han pasado a ocupar el espacio de los tradicionales dioses creadores de las religiones: los extraterrestres ultratecnológicos nos crearon por ingeniería genética a partir de simios, nos ayudaron -a los egipcios y a los pueblos prehispánicos de Centro y Sudamérica- a erigir las pirámides y pasaron a formar parte de la memoria mítica y material en forma de vestigios como las tablillas sumerias, donde quedaron registrados hechos reales, no puras mitologías. Por el camino, probablemente, nos transmitieron también las reglas del parchís. Algunos de los que han comulgado siempre con ruedas de molino llaman a comprar estos desbarres en forma de libros soñar y ejercer el derecho a imaginar, y se quedan tan contentos. Por supuesto, todas estas majaderías son falsas, y ninguno de los autores citados ha conseguido aportar pruebas de estas hipótesis en sus artículos y conferencias.

Estos pseudohistoriadores son gente altamente tóxica, ya que contaminan el gusto natural de quien está interesado por la historia antigua y no discierne aún. Se aprovechan de que los individuos a quienes usan, pueblos y civilizaciones desaparecidos, no pueden replicar, y también de una cierta pasividad del gremio de los historiadores rigurosos a la hora de refutar sus propuestas, por ejemplo aquí en España, sin ir más lejos. Esta situación ha ido mejorando, y un ejemplo de ello es el documental Ancient Aliens Debunked en el que quedan resueltas las paradojas inventadas por periodistas disfrazados de historiadores, que esperamos ver pronto traducido al español.