Encontrar trabajo se convierte en la motivación de los reclusos que estudian

Rejas de una cárcel

Cursar estudios abre un abanico de posibilidades y contrarresta los efectos del encarcelamiento. / Andy Ciordia.

Estudiar enseñanzas universitarias en prisión, además de convertirse en una válvula de escape para el interno, le abre una puerta laboral cuando termine su condena. Así lo cree la mayoría de los reclusos que estudia en el centro penitenciario Madrid VII (Estremera), tal y como se revela en un estudio dirigido por la UNED. Este tipo de enseñanza promueve también el compañerismo entre estudiantes y se convierte en motivo de orgullo familiar.

Buscar una salida profesional al concluir la condena es la principal motivación de los reclusos que estudian enseñanzas universitarias por la UNED, según revela una investigación publicada en Revista de Educación. El 71,79% de los internos entrevistados se decidió a comenzar los estudios por este motivo, y este mismo porcentaje confía en que encontrará trabajo cuando termine su pena.

A través de entrevistas personales y grupales, realizadas a 39 de los 45 internos que cursan estudios universitarios por la UNED en del centro penitenciario Madrid VII (Estremera), los investigadores han realizado una radiografía de sus expectativas, obstáculos y hábitos de estudio.

“Cursar estudios abre un abanico de posibilidades de minimización del efecto de prisionización y de ilusión por la mejora de las perspectivas laborales y personales futuras”, explica Esteban Vázquez Cano, investigador de la facultad de Educación de la UNED y autor del trabajo.

En este sentido, el papel de la familia es muy importante puesto que los internos destacan la consideración de “orgullo familiar” en hijos, padres, madres y parejas como acicate para animarse a cursar estudios universitarios.

Tutorías entre compañeros

Para la mayoría de los internos entrevistados que estudian por la UNED, gran parte del tiempo en prisión gira en torno a su preparación. El recluso suele estudiar realizando resúmenes y trabajos a mano (los medios electrónicos propios no están permitidos en los centros penitenciarios) y dedica una media de entre cuatro y seis horas diarias. Los lugares que utiliza son su celda y, en menor medida, zonas comunes.

La investigación reveló que los internos suelen reunirse en pequeños grupos de estudio, “y crean tutorías entre iguales, lo que refuerza el compañerismo y el sentimiento de comunidad”, subraya Vázquez Cano.

El tramo de edad más numeroso es el comprendido entre los 30 y 39 años (un 56,41%), seguido del intervalo entre 40 y 49 años (un 25,64%). La mayoría de los entrevistados o realizan un grado universitario (61,53%) o cursan estudios de acceso a la universidad para mayores de 25 y 45 años (38,46%). Los estudios de grado con mayor demanda son Humanidades (66,6%) y Ciencias Sociales (30,7%).

Entre los obstáculos que denuncian los internos, destacan los relacionados con la celeridad en la respuesta administrativa de la universidad, el acceso a guías de estudio y material bibliográfico, el incremento de tutorías, el contacto con el profesorado y el acceso a la virtualidad del Campus UNED.

Reinserción en aumento

Aunque no existan estudios españoles que evalúen si los reclusos que estudian grados encuentran trabajo más fácilmente al cumplir su condena que si no lo hicieran, sí hay trabajos estadounidenses que así lo demuestran.

“Uno de los estudios más importantes fue el coordinado en 2012 por John Nally, director del Departamento de Educación en Prisión del estado de Indiana (EE.UU.), que muestra cómo la realización de estudios en prisión es el principal elemento que minimiza la reincidencia y aumenta las posibilidades laborales”, apunta el investigador de la UNED.

Otro trabajo del estado de Virginia (EE.UU.) muestra que los internos que estudian en prisión grados obtienen unos índices más altos de reinserción y de oportunidades laborales: entre 15 y 20 puntos porcentuales mayores sobre los que no realizan ningún estudio durante el internamiento.

A pesar de estas buenas expectativas, el porcentaje de reclusos que estudian en las prisiones españolas es muy bajo, del 1,56% según los últimos datos, frente al 6% de Estados Unidos.

En el curso 2010-2011, 1.357 alumnos se acogieron al Programa de Estudios Universitarios en Centros Penitenciarios, en el que, además de la UNED, participan la Universidad del País Vasco y la Universidad de Barcelona, aunque estas dos últimas solo en algunas regiones. El grado con mayor número de inscritos fue Derecho, seguido de Psicología, Educación Social y ADE (Administración y Dirección de Empresas).