Química y el siglo XXI. Una nueva manera de hacer ciencia

Por Fernando García Tellado*

 

Química

La relación de la sociedad con la Química debe mejorarse con divulgación / SINC

Vivimos inmersos en una revolución. Una revolución que está cambiando nuestra manera de entender la realidad. A nivel planetario, un nuevo lenguaje, un nuevo modo de comunicación ha transformado nuestra Tierra en una aldea. Por decirlo en una forma más gráfica, el mundo se ha municipalizado.

Este nuevo lenguaje, lo que para entendernos llamaremos informática, ha roto las distancias, ha modificado nuestro concepto del tiempo y nos ofrece una nueva visión inteligible de la realidad. La ciencia, impulsora de esta revolución, ha cambiado sus paradigmas de investigación para ser también inteligible por una sociedad que le demanda soluciones nuevas a sus viejos problemas de salud, bienestar y riqueza. Inteligibilidad, en el sentido de capacidad de ser entendido, es una nueva exigencia de esta revolución.

En un extremo es un derecho social: la sociedad exige a sus científicos capacidad para resolver sus problemas y comunicación limpia y honesta de su labor; en el otro, un deber intelectual: los científicos tienen la obligación de socializar el conocimiento, de hacerlo asequible a su sociedad para ganar su confianza y con ella, un lugar de decisión importante en el tejido social.

En esta labor de comunicación, las diferentes ramas del conocimiento que componen la Ciencia se han desarrollado de forma muy distinta.

En las últimas décadas, la astrofísica y la biología han ocupado lugares preferentes en los medios de comunicación. Por mérito propio y porque sus descubrimientos han impactado a nuestra sociedad en un momento de gran cambio. El genoma humano, la clonación, los viajes a Marte, las estaciones interespaciales, y un largo etcétera de nuevos descubrimientos han sido la causa de este interés social por estas ciencias. Aquí en Canarias, nuestro Instituto de Astrofísica nos ha enseñado no solo a ver cometas y galaxias, sino lo que es más importante, nos ha enseñado el orgullo que una sociedad siente cuando sus científicos están cerca y son protagonistas de contribuciones científicas importantes. La sociedad se reconoce en ellos, y con ellos comparte una vocación.

Lo mismo podría decirse de nuestros institutos y departamentos de Vulcanología: nos han acercado a nuestra realidad volcánica y nos ha enseñado la forma en que debemos dialogar con ella, hacerla nuestra. Sin la ayuda de los medios de comunicación la dimensión y alcance de este diálogo con la sociedad hubiera sido muy diferente tanto en su ámbito como en su alcance.

En este contexto, la comunidad de química de La Laguna, desde sus dos institutos principales, el Universitario de Bioorgánica Antonio González de la Universidad de La Laguna y el de Productos Naturales y Agrobiología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y de sus departamentos universitarios, a pesar de la calidad de mucha de su investigación, no ha logrado el eco social de los antes mencionados.

Mientras la figura del profesor Antonio González es un icono indiscutible de nuestra sociedad, la comunidad química no lo es. Aunque conocida en ciertos ambientes, nombrada de vez en cuando en los medios de comunicación, no ha logrado el prestigio social que le corresponde. A la pregunta de por qué, no hay una respuesta simple e inmediata, pero si que parece evidente que la ausencia de un esfuerzo de visibilidad por parte de los miembros de esta comunidad científica es responsable en una gran medida de esta ausencia social.

Hay que añadir que esta tarea de proyección social no es fácil ni inmediata: exige un esfuerzo loable, -a menudo no recompensado-, por parte de los miembros de la comunidad científica por encontrar el camino para la exposición en forma asequible y amena de su labor. Esto, que parece tan fácil para ciencias relacionadas con la vida y con el espacio, ¿por qué resulta tan difícil para otras ramas del conocimiento?

Los químicos no medimos galaxias, ni explicamos orígenes o surgimientos continentales: solo tratamos con moléculas. Como descubridores, le damos vida trazando su estructura, definiendo su cartografía; como arquitectos, estudiamos y construimos su arquitectura particular con los bloques más sencillos que la naturaleza nos ofrece; como lingüistas, estudiamos, comprendemos y hacemos inteligible su lenguaje, el modo en que las unas se relacionan con las otras. La química no solo nos enseña a descubrir y construir moléculas, sino que además, nos hace inteligible su lenguaje, el diálogo molecular en que descansa lo que llamamos vida.

Estos tres aspectos de la química, la configuran como una disciplina intelectual madura y a su vez, como una ciencia central para el desarrollo de otras ciencias. La revolución de las moléculas ha empezado y la química es la fuente, el diccionario y el traductor de esta revolución. No es exagerado decir, y espero que se me perdone cualquier atisbo de pasión en mi comentario, que la química está empezando a descifrar a nivel molecular lo que la biología ha descrito y sigue describiendo a nivel fenomenológico, y esto está contribuyendo de manera muy importante a la revolución que estamos viviendo en las ciencias biológicas. Los últimos premios Nobel de química han sido concedidos a químicos cuya labor investigadora ha sido desarrollada en el campo de la biología.

Una nueva disciplina, la química biológica, está empezando a tomar el relevo de la química orgánica en el terreno de las ciencias de la vida. Y sin embargo, la sociedad sigue asociando el concepto de química con todo aquello que nos aleja de la vida, de lo que entiende que es lo natural. No hay nada natural que no esté sustentado en un concepto químico, que no se pueda explicar mediante el lenguaje de la química. No existen moléculas naturales o no naturales; tan sólo existen moléculas construyendo nuestra realidad, dando forma a esto que llamamos vida y que se expresa de forma tan hermosa en nuestra bioesfera. En los últimos años, la comunidad química canaria ha hecho un esfuerzo considerable para ser visibles a la sociedad. Para ello ha implantado jornadas de puertas abiertas y ha instaurado premios científicos para que los estudiantes de bachillerato tomen contacto con el pensamiento científico y muy particularmente con la química.

El resultado ha sido espectacular tanto en cantidad como en la calidad de la participación. Pero aún sigue siendo insuficiente: el motor social que debe ser la ciencia en cualquier sociedad moderna, en Canarias está muy lejos de alcanzar el nivel requerido para convertirse en eje de nuestro desarrollo. Tenemos institutos y departamentos universitarios competitivos en el ámbito nacional, y en menor medida en el europeo, pero nuestra sociedad no los reconoce como suyos y nuestros gobiernos autonómicos no los apoyan y estimulan en la forma debida.

Quizás este esfuerzo no sea suficiente; quizás no hayamos sabido imbricar a la sociedad de la información en nuestro esfuerzo o quizás también, y de forma urgente, necesitamos periodistas con conocimientos científicos que sean capaces de transformar en conocimiento social inteligible el complicado mundo de nuestra ciencia. Sea cual fuere la causa, es el momento de aunar esfuerzos y hacer de nuestra sociedad un ámbito más receptivo a la ciencia y en especial, a la ciencia química que aquí en Canarias hemos convertido en conocimiento, y que sin duda es ya patrimonio de todos los canarios y herencia de las generaciones futuras. Desde la Sección Territorial Canaria de la Real Sociedad Española de Química quisiéramos llamar a este esfuerzo colectivo a todos los agentes sociales involucrados en la enseñanza de la química. Es momento de aunar esfuerzos y generar expectativas reales de la importancia que la química tiene y tendrá en este siglo que ha arrancado en busca del hombre como eje principal del desarrollo científico. Sin química no habrá ni podrá haber verdaderos avances en nuestro conocimiento del hombre y su mundo. Sin química, el mundo que conocemos y que disfrutamos no se podría mantener como hogar seguro y confortable, capaz de albergar al hombre del nuevo siglo.

Esta Sección Territorial está decidida a hacer de la divulgación su eje de innovación social y pide para ello la colaboración de todos los agentes sociales que trabajan en el ámbito de la enseñanza de las ciencias y en particular de la química. Juntos y aunando esfuerzos, podemos hacer que la química vuelva a ocupar un lugar preferente en la formación de los jóvenes canarios y sea aquí, en nuestra tierra, el motor de innovación que ya está siendo en las sociedades avanzadas de nuestro entorno. Desde aquí me gustaría invitar a todos los químicos canarios, sea cual fuere su condición y estatus laboral, con ganas de innovar y avanzar en el mundo de la divulgación científica a que se acerquen a nuestra Sección Territorial de la Real Sociedad Española de Química y se comprometan con nosotros en esta hermosa, necesaria e ineludible labor. La Real Sociedad Española de Química constituye una plataforma ideal para diseñar y desarrollar cualquier acción innovadora en el ámbito de la divulgación científica y entre todos tenemos que aprovechar este potencial al máximo. Este es el objetivo de la actual directiva canaria y a ello te invitamos.

*Investigador Científico del CSIC
Presidente de la Sección Territorial Canaria de la Real Sociedad Española de Química