Ciencia ciudadana desde Canarias modifica el mapa de biodiversidad marina del planeta

Mapa

Los mapas reflejan los cambios en biodiversidad global en función del baremo que se mire / NATURE

Parecía que había un consenso científico con respecto a los lugares del mundo donde hay mayor biodiversidad marina: en los trópicos. Las aguas cálidas siempre han sido consideradas como ese paraíso de las especies de peces que, además, hay que proteger. Todo, hasta hoy en la que la ciencia ciudadana ha apoyado a la oficial para dar la vuelta a este precepto internacionalmente aceptado. Ahora, los puntos calientes de biodiversidad no son los trópicos sino las aguas templadas e, incluso, las más frías cercanas a los polos.

Así lo certifica un estudio publicado en la prestigiosa revista científica Nature y firmado por Rick D. Stuart-Smith, de la Universidad de Tasmania, como autor principal y por el investigador del Instituto de Productos Naturales y Agrobiología del CSIC en Canarias, Mikel Becerro quien insiste en que este descubrimiento cambiará tanto el abordaje científico como las normativas internacionales de protección del medio marino.

Además, se trata de un macroestudio que ha podido llevarse a cabo gracias a la colaboración de la ciencia ciudadana. Es decir a la colaboración de miles de buceadores de todo el mundo que han recogido muestras de forma coordinada, “porque, de otra forma, hubiera sido inabarcable recabar tantos datos”, explica Becerro quien valora muy especialmente el equipo de buceadores RLS de Canarias donde se ha sido pioneros en realizar cursos específicos para recoger de manera adecuada estos datos. En total se ha registrado información procedente de 1.844 localidades, registrándose 2.473 especies diferentes de peces.

Pero, ¿cuál es la clave del descubrimiento? Hasta ahora los puntos calientes o hotspot de biodiversidad se basaban en la cantidad de especies que albergan las aguas y se habían localizado en las zonas tropicales del planeta. Es decir, se sabía que en el trópico es donde más variedad de peces había pero ahora utilizando el criterio no tanto de la variedad sino de la cantidad de peces se ha visto que esta realidad se puede ver modificada y que la variedad no es tan importante como la cantidad a la hora de mantener un ecosistema atendiendo al concepto de biodiversidad funcional, más acorde con la relación de la fauna con el medio. “Nos damos cuenta de que el número de peces es esencial y que en zonas menos tropicales, como es el caso de Canarias, debe atenderse a este criterio para tomar decisiones de conservación porque quizá los esfuerzos se estén derivando a las zonas tropicales descuidando otras”, explica Mikel Becerro.

El estudio ha sido llevado a cabo por la red de científicos de diferentes nacionalidades del programa ReefLifeSurvey (RLS) donde el IPNA del CSIC es el único centro español. El tratamiento de la información recogida en los mares de todo el mundo desvela que incorporando información de cómo comen, dónde viven o cómo se mueven los individuos de cada especie se puede aprender más sobre sus diferencias, uno de los pilares de la diversidad. “Nuestro estudio es el primero en incorporar datos sobre el funcionamiento de las especies de una manera tan comprensiva y dibuja un mapa global de biodiversidad muy diferente al que conocíamos”, dice. Siguiendo este modelo, la diversidad funcional de los ecosistemas es mayor en Galápagos que en el oeste del Pacífico tropical, como muestra los mapas adjuntos.