La magia del hacking

Hacking

El Hacking puede resultar casi mágico / DA

Hace unos días, tuve la oportunidad de ver con mi mujer una película que se nos quedó pendiente el pasado año, poco antes de trasladarnos a León para incorporarme a la disciplina de INTECO. Hablo del largometraje Ahora me ves, un filme que versa sobre un grupo de magos, apodados los cuatro jinetes, especialistas cada uno en una rama concreta del ilusionismo, que son captados por el líder de una sociedad secreta de magos de élite, reservada solo para unos pocos capaces de demostrar sus habilidades mediante la consecución de una serie de retos.

Para poder ingresar en esta orden, han de obedecer a ciegas estos objetivos, elaborando trucos cada vez más complejos que permitan burlar la seguridad de bancos y autoridades para acometer acciones delictivas con afán reivindicativo.

Si sacamos esta última frase del artículo, podría servir para definir a grupos hacktivistas como Anonymous o Lulzsec. Y es que lo primero que se me vino a la cabeza es la relación de esta trama con el mundo del hacking, que, como repetí hasta la saciedad durante toda la película, siempre ha guardado muchas similitudes con la magia. Desde el misticismo que rodea a los hackers, al oscurantismo que rodea a los magos, pasando por los trucos de ingeniería social utilizados por ambos para conseguir sus fines.

Además, yo particularmente he sido un apasionado de la magia desde mi infancia, donde hice mis pinitos, aunque no pasé de aprender algunos trucos para impresionar a familia o amigos. Lo que más me obsesionaba era intentar comprender su funcionamiento, saber cómo utilizar la baraja para, como dice la propia definición de magia, hacer cosas que vayan contra lo natural, del mismo modo que se hace en el hacking utilizando unos y ceros en lugar de ases, para hacer que un sistema se comporte de manera contraria a aquello para lo que fue diseñado.

Porque resulta que, si algo tienen en común ambas disciplinas, al margen de ese halo de misterio que las envuelve, es que todo eso que fascina a quienes lo contemplan estupefactos desde fuera, se basa en fundamentos racionales, en técnicas combinadas de tal manera que permiten idear una ilusión, recreando en un escenario un espectáculo que se ha repetido infinitas veces entre bastidores.

De ahí que el consejo más repetido tanto de grandes magos como grandes hackers a los noveles es que se preparen para echar horas, porque la maestría sólo se alcanza tras años de experimentación.

Como se suele decir, la paciencia es la madre de la ciencia.

@DipuDaswani