Antonio Tejera: “Los guanches no tenían mapas de sus enterramientos”

Antonio Tejera Gaspar

El catedrático de Arqueología, Antonio Tejera Gaspar / SERGIO MÉNDEZ

 

-¿Ha confundido la mujer que apareció días atrás en los medios de comunicación como descubridora de una gran cueva en el sur de la isla con restos aborígenes tu novela La cueva de las mil momias (junto con David Galloway, Daniel García y Juan Francisco Delgado) con la realidad?

“No lo sé porque La cueva de las mil momias tiene dos partes, una de carácter científico y otra puramente novelada, dos ideas en el mismo bloque. En la primera hay una puesta a punto de toda la información conocida cuando se descubre esa cueva entre 1762-1763, y lo que hacemos es una aportación desde el punto de vista de ese relato histórico y al mismo tiempo valoramos todo lo relacionado con el proceso de momificación de las islas. Que alguien a partir de la lectura de esa novela haya imaginado una realidad que luego ha sustanciado, una realidad que se ha creído, pues es posible, pero no sé si es posible establecer una cierta relación. Si no, uno podría pensar que cualquier hecho científico que se produzca, cualquier hallazgo, serviría para que alguien se crease una realidad que no corresponde. No lo puedo precisar”.

Portada La cueva de las mil momias

Portada del libro La cueva de las mil momias / DA

-¿Qué hay de cierto en la afirmación de Viera y Clavijo sobre esa gran cueva de las momias? ¿Recogió y dio por buena sin someter a crítica una leyenda previa?

“En principio es probable porque nosotros hicimos uso de la propia expresión de Viera, ‘Y no había menos de mil momias’. Es probable que la utilizara sin contrastar, cosa que no solía ser común en él, y en principio no sorprende que hubiera un número elevado de momias en esa cueva. No me atrevo a afirmar en ningún caso que pudiera llegar a esa cantidad, pero es probable que hubiera un número muy alto por una sencilla razón: porque el mundo funerario sirve como marcador de territorio, y esto es un hecho importantísimo que lo tenemos comprobado poco a poco en la isla y en otros ámbitos culturales: el territorio de los ancestros sirve para distinguir lo que podría ser grandes territorios; por ejemplo, es posible que ese lugar fuese el límite del menceyato de Güímar y el inicio del menceyato de Abona. Y hemos comprobado que en los lugares que son límites de territorio a veces hay grabados rupestres y a veces también un conjunto de enterramientos que generalmente suelen seguir una secuencia a lo largo de, por ejemplo, el acantilado de un barranco. Ésa es una posibilidad. En segundo lugar, el número debió ser bastante elevado por lo siguiente: porque muchas de esas momias sabemos que salieron fuera de la isla y eso da pie a pensar que fuese un número muy sustancioso. Y hay otra posibilidad por medio sobre la que yo he reflexionado pero que no la incluimos en el libro, y es que en un texto que yo publiqué sobre José Agustín Álvarez Rixo decía que había la costumbre, por parte de los tinerfeños, de utilizar los restos de los muertos para abonos en las huertas. Entonces, ¿hasta qué punto se pudo haber producido posteriormente al hallazgo algún tipo de expolio o de saqueo continuado? Es probable, pero no lo sé. No tenemos por ahora ningún documento que nos permita aseverar en un sentido u otro, y además, posiblemente es una expresión retórica la de Viera y Clavijo, como una metáfora en sustitución de “una gran cantidad”.

-Esta mujer, cuyo nombre ha aparecido estos días en los medios de comunicación locales, dice haber hallado una cueva con centenares de momias guanches, 700 u 800, depende del día, además de mapas y restos de cerámica. ¿Los guanches usaban mapas?

“En absoluto. Una de las razones por la que esa información carece de base real no es que no pudiera haber una cueva con muchas momias, sino que no tiene sentido ninguno la existencia de esos supuestos mapas en los que los guanches dan cuenta de la existencia de otras muchas cuevas en la isla y fuera de la isla, e incluso restos de documentos escritos en los que se da cuenta asimismo de hallazgos y otras circunstancias. Eso sí que forma parte de la ficción. Realmente eso no tiene ni pies ni cabeza. Simplemente es un mundo imaginado, un mundo que uno se cree y que lo traslada a la realidad, así de claro”.

“Lo que ha salido estos días sobre la cueva con cientos de momias guanches es solo un mundo imaginado”

-Tiene página en Facebook, pero no ha aportado ni una sola prueba de tales restos. ¿Ese yacimiento, en caso de ser real, sería auténticamente revolucionario, como pretende? ¿Un número x de momias guanches (cien, doscientas o cincuenta mil) recientemente halladas tendría que desbancar necesariamente los conocimientos derivados de los hallazgos bien documentados por profesionales de la arqueología canaria?

“No, en absoluto. Hay la tendencia, muy frecuente según el tipo de literatura pseudo-arqueológica que uno pueda leer, que siempre que hay un hallazgo éste va a cambiarlo todo, un hecho arqueológico aislado, o un hecho histórico puntual que va a cambiarlo todo, como si fuese un hallazgo de la física. En el ámbito del conocimiento arqueológico hay una suma de cosas que son las que conforman una realidad cultural determinada. Un hallazgo puntual lo que puede hacer es contribuir a ese conocimiento o aclarar algunos detalles. Pero cambiarlo todo o transformarlo todo como se pretende no deja de ser puro deseo personal que no tiene ningún tipo de consistencia, y menos esos supuestos mapas, que no hay por dónde cogerlo”.

-¿Cómo debería haber procedido esta mujer si tal hallazgo fuese real?

“El procedimiento está perfectamente reglado, estamos en un estado de derecho y no en una selva. Está reglado primero por la legislación nacional por la Ley de Patrimonio Histórico de julio de 1985, por una parte, y por otra por la Ley Canaria de Patrimonio Histórico en la que queda manifiestamente claro que los hallazgos tienen que ser inmediatamente comunicados al Cabildo de Tenerife o a la Inspección General de Patrimonio Histórico. Eso es obligatorio. Hay otros cauces: desde el propio Ayuntamiento al Seprona de la Guardia Civil. Todo lo que salga de esos cauces legales perfectamente establecidos es puramente una ilegalidad y por tanto un acto punible”.

-Y a partir de ese momento, ¿cómo es, brevemente, el procedimiento científico que realizan los arqueólogos hasta que publican su estudio en una revista científica?

“Hay dos pasos esenciales: el conocimiento in situ de esos hallazgos, la valoración consiguiente de lo que se ha encontrado y, en el caso de que los restos estén bien conservados y sea un hecho arqueológico de una cierta entidad, se hace una excavación de urgencia, o incluso de emergencia, para tratar de controlar de manera estrictamente científica lo que se ha hallado. Posteriormente puede haber un primer paso de carácter divulgativo, pero después viene la presentación de esos hallazgos en congresos y revistas científicas, en los cauces reglamentados que la ciencia tiene perfectamente marcados. Todo lo demás, aunque haya buena voluntad, se puede transformar simplemente en un expolio, y en algo que deja de tener valor desde el momento en que un yacimiento arqueológico es mal intervenido. Una mala intervención significa una destrucción (como la de la cueva de Uchova en San Miguel de Abona en 1933). Advierto de la peligrosidad que tiene la actuación de gente que no es profesional o que no tiene autorización para actuar. En ningún caso los ciudadanos deben realizar actuaciones que, repito, no solamente son punibles desde el punto de vista legislativo, sino que, en lugar de contribuir a un supuesto conocimiento de la realidad arqueológica -que, por cierto, se conoce muy bien-, lo que puede hacer es lo contrario: contribuir al destrozo de un patrimonio que es de todos, que es común”.

-¿La sugerencia de esa mujer para que la gente busque la cueva puede motivar expolios y destrozos en otras cuevas y yacimientos reales?

Por supuesto. Ese tipo de incitaciones son peligrosísimas. No solamente se incurre en un hecho ilegal sino que conlleva el peligro de adentrarse en una orografía tan compleja como es la nuestra, que puede producir accidentes indebidos. No se puede entrar en ese tipo de cuestiones bajo ningún concepto. Conviene que nuestra gente lo sepa y sea muy consciente de ello”.

-¿Cree que si el público potencialmente interesado supiese un poquito cómo funciona la ciencia, incluida la arqueología, esta persona tendría menos seguidores en Facebook?

“Yo creo que sí. De todas maneras creo que todos los profesionales hemos hecho un esfuerzo enorme de divulgación en todos los medios de comunicación, en muchísimas conferencias, etc. Y si esa sensibilización fuese mayor contribuiría a que ese tipo de cosas no existiera. Sobre todo cuando hay un hecho interesantísimo, que es: cuando esas personas entran en contacto con los que nos dedicamos a este mundo se encuentran con la sorpresa de que no solamente no vamos contra nadie sino que vamos en beneficio de todos. Y que no somos ogros sino gente perfectamente asequible y con la que se puede dialogar”.

-¿Es ésa la visión que se está transmitiendo?

“Sí, sí, claro. Tengo un ejemplo muy claro, que es el del Museo Benahorita de La Palma, en Los Llanos de Aridane, cuyo director ha hecho un gran esfuerzo para ir atrayendo las colecciones arqueológicas que tenía la gente. Cuando el público ha entrado en contacto con el museo se ha ido transformando, han dejado de ser pirómanos para ser bomberos, por decirlo de alguna manera. Yo he colaborado con mucha gente que me ha dado información de hallazgos, hemos ido al lugar y ha sido un aprendizaje para ellos y para mí también”.

-¿Falta divulgación en los medios de comunicación sobre estas materias, usadas con frecuencia por personajes del mundo alternativo para presentarse como víctimas de una conspiración contra la gran verdad?

“A veces pienso que las personas que creen que están en posesión de la verdad no se dejan convencer en ningún caso y da igual lo que hagas porque van a seguir exactamente en la misma línea. Porque les pesa más el ser posibles actores de una situación determinada que entrar por un camino de conocimiento en el que todos estamos dispuestos a ayudarles”.

  • Juan

    Estimado Don Antonio. Y no era que se acerca la campaña electoral del CC.?. La piedra zanata,las grafías amazhig de un cuadro de La Virgen de Candelaria… todo en el momento oportuno. Perdone que no este de acuerdo con usted sobre las “notas no comprobadas” en Viera y Clavijo”.Cuando se escribe dando por bueno lo que ya han escrito otros,como hizo Viera,no le da mucha autoridad.