El acero inoxidable… stop al óxido

Acero inoxidable

A principios de siglo XX se descubre el acero inoxidable / IMAGENBASE

“Los diamantes son para toda la vida”, según en qué condiciones lo tratemos. En cambio, el acero inoxidable, aun no siéndolo, es sin duda un material con mayor versatilidad y uso. Ha pasado un siglo desde la invención del acero inoxidable, un material que cambió el desarrollo industrial del siglo XX y que ha permitido lograr extraordinarios avances en la ingeniería

Durante el siglo XIX, Sheffield (Inglaterra) había alcanzado gran reputación por sus fábricas de acero. De hecho, de ellas salía la mitad del que se hacía en Europa. Se empleaba el método crisol en su obtención, un procedimiento inventado por el relojero británico Benjamin Huntsman (1704-1776), que en su taller de muelles para relojes había conseguido así un material más uniforme y con menos impurezas. El 13 de agosto de 1913, Harry Brearley, un profesional de la industria metalúrgica de los Laboratorios Brown Firth de esa ciudad, obtuvo en un horno eléctrico el primer acero realmente inoxidable.

Brearley estaba buscando un material más resistente a la erosión que sufría el interior de los cañones de la armas de fuego cuando se calentaban por el uso. La variables a controlar eran las proporciones de carbono (que tenían que ser bajas) y de cromo (que tenían que ser superiores al 6%). Para ello, incrementó la cantidad de este último elemento en la aleación, consiguiendo un aumentó en el punto de fusión (temperatura de cambio de estado de la materia, en la cual un sólido se transforma en un líquido). Al analizar en el microscopio el contenido de metales en la nueva aleación, se tenía que tratar éste con una disolución diluida de ácido nítrico en alcohol. La sorpresa al examinarlo fue que aquella aleación de hierro que contenía el 0,24 % de carbono y el 12,8 % de cromo era totalmente resistente al ataque del compuesto químico corrosivo. Seguidamente, Brearley expuso aquel acero a la acción del vinagre (ácido acético) y a otros ácidos caseros, obteniendo el mismo resultado. Inmediatamente pensó que el descubrimiento  podría revolucionar la industria de la cuchillería de forja, la cual había hecho famosa a Sheffield desde el siglo XVI. Hasta entonces, los cuchillos se tenían que lavar y secar a conciencia, pues de otro modo se oxidaban rápidamente. El acero ordinario se oxida porque se combina fácilmente con el oxígeno del aire, lo que produce óxidos de hierro rojizos. El aluminio, el níquel y el cromo, así como otros metales, reaccionan en forma muy parecida, pero sus óxidos forman una capa impermeable que impide al oxigeno reaccionar. En el acero de Brearley, el cromo creó una capa similar.

Sin embargo, la patente del acero inoxidable no fue registrada por Brearley, sino por su sucesor en aquel laboratorio, William H. Hatfield, quien en 1924 desarrolló un acero que aún hoy es la aleación más comúnmente usada en lo que comúnmente se llama “acero inoxidable”. Ésta, además de cromo al 18 %, incluye níquel al 8 %, por lo que se conoce como inox 18/8 (por favor, vaya a su cubertería y comprobará que tiene impresa una numeración similar). Brearley bautizó a su nueva aleación como rustless steel (literalmente, acero inoxidable), aunque más tarde se impondría otra denominación más comercial en inglés, stainless steel, que se traduce como acero inmaculado.

A día de hoy existen diversas variedades, que en general se caracterizan por tener un contenido en cromo superior al 12 %. Pueden incluir además elementos químicos como níquel y molibdeno, así como otros en pequeñas cantidades como titanio, wolframio, cobre y otros, que dan lugar a materiales con aplicaciones muy específicas, principalmente en la industria, la construcción y la fabricación de componentes y herramientas de todo tipo.