Javier Cavanilles: “Las caras de Bélmez es un misterio bastante cutre”

Javier Cavanilles visita las caras de Bélmez

El periodista Javier Cavanilles observa las famosas caras de Bélmez / CEDIDA

Javier Cavanilles (Valencia, 1969) es periodista y aficionado a los fenómenos paranormales, en los que no cree. Desde hace años, mantiene en Facebook una página (‘Desde el Más Allá’) en la que repasa, con humor, noticias sobre este tipo de fenómenos. Ha escritos varios libros sobre esta temática como El Tarot ¡Vaya Timo! (ed. Laetoli). Acaba de publicar una versión revisada de Los Caras de Bélmez, una investigación crítica y en profundidad del más famoso y falso misterio relacionado con lo paranormal de España.

Javier Cavanilles

El autor de ‘Los caras de Bélmez’ / CEDIDA

-¿Qué son las Caras de Bélmez?

“Creo que la mejor definición es la de un fenómeno sociológico y periodístico que se montó alrededor de una anécdota sucedida en 1971 en un pequeño pueblo de Jaén llamado Bélmez de la Moraleda. En la casa de una vecina, María Gómez Cámara, apareció un día un rostro pintado en el suelo que recordaba a la Santa Faz de la Catedral de Jaén. Lo pintaron sus hijos, entre otros, a modo de broma, pero los vecinos picaron y pensaron que era un milagro. Ante las sospechas de fraude la destruyeron, pero se encontraron con una cola de gente a las puertas de su casa dispuesta a pagar por verlas, así que decidieron dejarse querer y sacar un poco de dinero. Algo han sacado, pero poco porque la cosa no da para más. En cambio, algunos sí se han llevado una buena tajada vendiendo libros sobre el tema. Para desgracia mía, y alegría de mis críticos, no estoy entre ellos”.

-¿Cómo es posible que una astracanada como esas caras pintadas y retocadas siga contando hoy con partidarios?

“Parece increíble, pero hay que entender que el fenómeno no lo provocan las caras en sí, sino los medios de comunicación de Madrid. Al principio, cuando los famosos artículos del diario Pueblo, con cierta inocencia. Pero a finales de los años 90, la revista Enigmas decidió revitalizar el fenómeno y vio que era rentable. Hay que entender que el Cortijo Jurado, Ochate, el Palaco de Linares, etc. ya no venden una escoba y que en Bélmez, por lo menos, hay algo que ver. Además, muchos ‘misteriodistas’ deben lo que son al fenómeno, así que, de vez en cuando, lo sacan de paseo. Y como los medios generalistas prefieren seguirles la corriente en lugar de dedicar diez minutos a investigar, mucha gente piensa que hay algo misterioso”.

-En 1997 I. Jiménez aseguró que las caras eran auténticas. ¿Revolucionó la ciencia? ¿Salió en portada de Nature la noticia y en todos los telediarios del mundo?

“Sí claro, desfilaron científicos de todo el mundo y la CNN interrumpió la emisión para conectar en directo. Al final no salió en Nature, pero en Semana le dedicaron un reportaje, algo es algo. Por mucho que nos lo vendan como el gran misterio mundial, lo cierto es que fuera de nuestras fronteras apenas interesa”.

-Si este caso fue considerado ‘el mayor misterio de la parapsicología española’, ¿cómo será el resto de ‘misterios’?

“Tú lo has dicho. Yo volví el pasado mes de agosto y lo único que queda es uno de los hijos (Diego o Miguel) con un garrote señalando las pocas manchas que quedan e intentando convencer al personal de que unos dibujos que apenas se ven son el no va más del misterio. Por lo que respecta a los demás fenómenos paranormales patrios tienes razón, son cutres incluso en comparación con este. Se puede decir que están a la altura del nivel científico o de creación de empleo de este país, por los suelos”.

-Desgraciadamente, el público en general, y en particular el aficionado a la pacotilla paranormalista, no tiene la menor idea de lo que son los verdaderos descubrimientos científicos. Si no, no se entiende que ante un asunto tan ridículo como este haya fans que siguen manteniendo la naturaleza paranormal -sea esto lo que sea- del caso. ¿Es reducible o solucionable de alguna forma esta situación o hemos de pensar que buena parte de los aficionados son irrecuperables?

“Yo creo que hay dos tipos. Los que quieren creer pero saben que tienen poco a lo que agarrarse, aunque no desisten, y los que necesitan creer y les da igual siete que nueve. Los primeros suelen desconfiar bastante de Bélmez pero los otros quieren misterio y si un día les dicen que las caras las pintó el monstruo de Lago Ness dirán que eso una hipótesis. Intentar razonar con ellos es perder el tiempo. Pero debo añadir que muchos de los que nos ayudaron a Francisco Máñez y a mi a investigar el caso creían en estos fenómenos, pero era gente dispuesta a debatir y a aceptar las pruebas”.

-El periodismo paranormal

llega al extremo de falsear la realidad a conciencia con tal de satisfacer al consumidor. Estoy pensando en una mancha repintada denominada ‘la pava’…

“Es cierto, no se cortan un pelo y si hay que mentir, se miente. Te contaré una anécdota, el otro día en Onda Cero un colaborador dijo que las caras había aparecido el día 21 de agosto a las 11 de la mañana -y no el 25 por la noche- para hacer coincidir el aniversario con la emisión de su reportaje. Se quedó tan pancho. Lo hay que entender es que los fenómenos paranormales son, como la astrología, un micromercado. Es decir, no necesitas convencer a todo el mundo sino a un grupo pequeño pero suficiente como para hacer caja”.

-Es sorprendente (¿quizá inquietante?) que una anécdota chusca se haya convertido en tema estrella de un programa de televisión de una cadena privada en 2014, con sus luces, sus montajes… ¿no cree?

“Sí, no sólo es increíble sino que lo único que se puede decir es que es de lo poco realmente paranormal que rodea el caso. Lo que ocurre es que el fenómeno tiene tiene 40 años y hay mucha gente que solo lo conoce de oídas. A eso le sumas el poder de la televisión y el innegable talento de Iker Jiménez para el entretenimiento y su habilidad para manipular la ciencia a su antojo, en un país en el que el nivel de conocimiento científico es el que es, y tienes lo que pasó. Lo que sí es cierto es que en otras ocasiones, pienso en el fraude de las nuevas caras de 2004, toda la prensa picó el anzuelo. Ahora, yo creo que no se lo han creído ni en Cuatro”.

-Quizá lo más peligroso de toda esta pantomima belmeziana es que se presenta como una vertiente de la ciencia, algo así como vanguardistas del pensamiento heterodoxo pero científico. No en vano, la presencia de científicos, parte de ellos bastante despistados, seguramente- es un truco obligado en el programa de Cuarto milenio.

“Estoy totalmente de acuerdo, eso es lo peligroso. Lo lamentable es que este tipo de programas, y los científicos que se prestan a aparecer y dan visos de credibilidad al mensaje, son los que hacen que la gente acabe creyendo que hay una conspiración detrás de las vacunas y cosas así. Crean una especie de Ciencia a la carta en la que la gente cree cuando quiere (por ejemplo, cuando se compran un smartphone y exigen que funcione) y cuando no, la dejan de lado. Al final, parece que la Ciencia dependa de la Fe, cuando es la principal fuente de avance de las sociedades modernas”.

-¿Qué piensa de que un centro de interpretación de las caras en Bélmez haya costado 858.000 euros de dinero público?

“Es para echarse a llorar. Además, sólo lo abren dos días a la semana y no hay colas precisamente. Un despilfarro. Es uno de los ejemplos más lamentables del boom urbanístico que he visto en mi vida y una manera de tirar el dinero en una época particularmente difícil. Los cuatro duros que se dejan en el pueblo los turistas no justifican el gasto”.

-¿Es Bélmez el paradigma del embrollo paranormalista-empresarial en España?: unos pocos hechos fácilmente explicables, retórica del misterio, toneladas de mentiras y falsedades y enorme desfachatez, como cuando en 1997 Jiménez del Oso aseguró que el artículo de Jiménez y Fernández en la revista Enigmas aportaba ‘pruebas definitivas del carácter paranormal de las caras de Bélmez’.

“Sí, es un caso de manual. En su día hubo un libro titulado ‘Sociología del Milagro’ que explicó el fenómeno desde un punto de vista antropológico y se entendía perfectamente cómo una anécdota sin importancia se convirtió en lo que se convirtió. Yo creo ahora que habría que hacer otro, para estudiantes de publicidad, en el que se estudiara como ejemplo de marketing paranormal”.

-¿Qué puede decirnos del método de Francisco Máñez para fabricar teleplastias?

“Creo que democratizó el fenómeno. Cualquiera con un poco de aceite y un pincel puede convertir su casa en un templo del misterio”.

La nueva edición de ‘Los caras de Bélmez’ puede ser adquirida a través de estas direcciones: http://goo.gl/G0wM5h y http://goo.gl/OpC2uO