José Farrujia: “Cada cabildo defiende una imagen de ‘su’ indígena”

José Farrujia

José Farrujia posa con una obra anterior suya / SERGIO MÉNDEZ

José Farrujia es uno de los mayores expertos en Canarias sobre los primeros pobladores de Canarias: los guanches. Farrujia es doctor en Prehistoria por la Universidad de La Laguna y Miembro de la Sociedad Española de Historia de la Arqueología. Tras varias publicaciones presenta el próximo martes, 14 de octubre, en el Ateneo de La Laguna su último trabajo. Será a partir de las 20,30 horas.

Ab Initio

El arqueólogo José Farrujia publica Ab Initio / CEDIDA

-Su obra se titula ‘Ab initio’; es decir, ‘Desde el principio? ¿Por qué?

“Con este latinismo se hace referencia, por un lado, a los primeros grupos humanos que arribaron a las islas, es decir, a los que las poblaron originariamente y, por otro lado, a las primeras referencias escritas que se conservan sobre estas sociedades. En este sentido, en el libro se estudian, a la luz del conocimiento arqueológico actual, las crónicas, fuentes etnohistóricas, relatos e investigaciones en las que se aborda el tema del primitivo poblamiento de Canarias”.

Se trata de una revisión de lo que se ha dicho sobre los primeros grupos humanos que arribaron a estas islas ¿De qué fechas hablamos? ¿Quiénes eran?

“En ‘Ab initio’ se analizan las distintas teorías que se han vertido acerca del poblamiento primigenio de Canarias y se refleja cómo en cada coyuntura histórica determinada, y según el marco epistemológico de referencia, la explicación sobre los orígenes ha variado. Diríamos que se ha recreado la imagen del indígena canario a lo largo de la historia, la mayoría de las veces a partir de criterios ideográficos y no arqueológicos. En función del conocimiento científico actual sabemos que los primeros pobladores de Canarias proceden del ámbito amazigh norteafricano, de zonas como el norte de Argelia y Túnez y del Atlas sahariano. En islas como Lanzarote llegaron en torno al siglo X a.n.e., pero en el caso de las islas más occidentales, por ejemplo Tenerife, las dataciones más antiguas son algo más recientes, en torno al siglo V a.n.e”.

-¿Qué novedades aporta con respecto a las investigaciones anteriores?

“En este trabajo se incorporan datos nuevos relativos a las últimas investigaciones sobre la colonización insular. Se presta especial atención, por ejemplo, al estudio de las inscripciones líbico-bereberes y latino-canarias como elementos claves a la hora de explicar y secuenciar el poblamiento de Canarias”.

-Usted siempre ha defendido que la historia y la arqueología en Canarias ha estado muy manipulada por la política imperante, desde el afrancesamiento de la idea del ‘buen guanche’ hasta la imagen franquista del guanche… ¿ocurre lo mismo en la actualidad?

“Podemos decir que, en la actualidad, el paradigma imperante es el que tiende a concebir el poblamiento de Canarias como un proceso articulado en torno a la arribada de, al menos, siete etnias distintas. Es decir, algunos investigadores defienden que cada isla fue poblada por un grupo étnico definido. Pero lo cierto es que esta lectura del poblamiento ha cobrado fuerza a raíz de la entrada en vigor del Estatuto de Autonomía de Canarias, en la década de 1980, que es precisamente cuando cada isla, a través de sus cabildos, adquiere competencias en materia patrimonial. Es decir, el marco político-administrativo ha condicionado el enfoque arqueológico: cada isla, cada cabildo, estudia y difunde el conocimiento sobre ‘su’ indígena canario. No comparto en absoluto esta lectura balcanizada de la prehistoria canaria, tal y como se argumenta en ‘Ab initio’. Es un enfoque anacrónico y adolece de muchas lagunas”.

-Analiza también la visión europeista de los guanches y su estudio, hasta el punto de que se ha rechazado un origen africano, ¿este debate está ya superado? ¿hay nuevos datos al respecto?

“Este debate no está en absoluto superado. Nuestra ubicación geográfica, en los márgenes de Europa pero al mismo tiempo en el contexto africano, ha propiciado en buena medida la proliferación de lecturas pro-europeas y pro-africanas sobre el poblamiento. Hay quienes aún cuestionan el origen amazigh o bereber, centrando el peso de la argumentación en el aporte colonizador fenicio o romano, en el supuesto carácter ‘mediterráneo’ de nuestro pasado. En pleno siglo XXI, aún hay hambre de mitos, de explicaciones totales. El mito explica muchas cosas que de lo contrario serían inexplicables”.

-En muchas ocasiones se ve a los guanches (entendidos como los habitantes anteriores a la conquista en todas las Islas) como un todo y olvidamos que estuvieron en las Islas más de 2.000 años. En su libro explica algunos cambios importantes en esa población, ¿cuáles?

“El gran problema que existe al respecto en Canarias es la gran disparidad que hay entre unas islas y otras desde el punto de vista de la investigación. Es decir, hay islas como La Palma, donde se ha desarrollado una periodización del mundo rupestre a partir de la evolución de la decoración cerámica, documentada estratigráficamente. Pero en otras islas como El Hierro o Fuerteventura, la información que existe al respecto es muy parca. No podemos, en el estado actual de la investigación, establecer diacronías para todas las islas, desconocemos cómo evolucionó el poblamiento. Este es uno de los grandes problemas de la arqueología canaria”.

-Le preocupa mucho la gestión de la arqueología y de los restos indígenas canarios, ¿en qué situación estamos?

“Mi anterior libro, publicado en Nueva York, versa precisamente sobre este tema. Estamos en una situación delicada: las políticas patrimoniales difieren entre islas; hay algunas como Gran Canaria, con un modelo de gestión positiva del legado arqueológico, que ha trascendido entre la sociedad, frente a otras como Tenerife, donde la proyección social de la gestión patrimonial es prácticamente inexistente. Una vez más, son los desequilibrios internos los que definen un panorama en el que no se ha incorporado la oferta patrimonial al sector turístico, siempre y cuando exceptuemos los casos de Gran Canaria, El Hierro y La Palma. Y este panorama, en un contexto como el nuestro, donde el turismo es la principal fuente de ingresos, dice mucho sobre cuál es la sensibilidad política hacia el patrimonio arqueológico”.