Conspiracionistas en el plató

Iker Jiménez

Iker Jiménez es presentador de Cuatro / ikerjimenez.com

Las irracionales y desaforadas especulaciones conspiracionistas se han convertido en la vaca que ordeña cierto sector del periodismo sin escrúpulos, en particular en Internet, y en congresos que parecen una reunión de chiflados. Venden que el atentado terrorista del 11 de septiembre de 2001 fue un autoatentado, niegan que exista el virus del sida y ahora, como es lógico, aseguran que ébola es una fabricación de ingeniería genética para controlar a la población. Aseguran que el cáncer tiene causas emocionales y se cura con hierbas variadas o con bicarbonato; que las vacunas son muy malas y que las emisiones de radiofrecuencia provocan que estemos todo el día de mala leche y que se nos aflojen las tripas. Ah, y que el hombre no llegó a la Luna, que fue un fraude visual perpetrado en un estudio cinematográfico, atención a la parida. Y, como telón de fondo de todas estás alucinaciones, arguyen que los gobiernos occidentales son una tapadera de grupos y sociedades más o menos secretas como los Illuminati, Bilderberg o la masonería. Sorprende que la especie humana no se haya suicidado en masa desde que inventó la organización social y la agricultura.

Cuánto mal ha hecho a la mentes recalentadas ‘El retorno de los brujos de Pauwels’ y Bergier y ‘El código Da Vinci’, novelaca que no sirve ni para aguantar quieta la mesa coja de una cafetería de pueblo. En el fondo, el auténtico motor que mueve a todos estos y a parte de quienes critican es la avaricia, el deseo de poder omnímodo, tanto en bienes simbólicos como en sus cuentas corrientes. Ése es el quid de lo alternativo: el dinero. Y todo esto funciona cuanto más homogeneizadas estén las conciencias. Pero tampoco se puede pedir mucho más a quienes tienen a la felicidad bovina como meta.
La capacidad de penetración de esta propaganda -como cualquier otra- depende de la menor capacidad para echar a funcionar el pensamiento crítico, enemigo de modas y soluciones mágicas. El creyente conspiracionista está convencido de antemano de una verdad evidente para él, que suele coincidir con deseos, temores y prejuicios propios profundos e intensos. En apoyo del irrefrenable impulso para detectar una verdad silenciada concurren argumentos falaces que aparecen retratados en cualquier manual de razonamiento deductivo.

En la obra citada, ‘El retorno de los brujos’, abundan las sugerencias conspiracionistas. La ciencia contemporánea, aseguran sus autores, puede estar alumbrando en su interior a genios transmutados, plenamente coincidentes en sus apreciaciones e interpretaciones con antiguas sabidurías olvidadas, o de las que sólo se conservan retazos. No se trataría de organizaciones secretas, sino de elites intelectuales y espirituales cuya sabiduría no está al alcance de cualquier mortal. Desde los años sesenta adquirió cierto predicamento social la conspiración de Acuario, aunque con un tono rebajado y a cara descubierta. La tesis del libro homónimo de Marilyn Ferguson consiste en que una poderosa transformación socio-espiritual de la sociedad está ocurriendo, que se inicia en lo individual pero que conducirá a cambios sociales sustanciales. Es -o era, más bien- una red no jerarquizada de personas con mentalidad semejante y con el deseo de cambiar los fundamentos ideológicos de la sociedad industrializada. El supuesto espíritu novedoso de la New Age fue fagocitado por la industria cultural para convertirlo en un amasijo de beaterías e irracionalidad pseudocientífica.

Según Ferguson, en los años 70 un número creciente de humanos sentían en su interior que algo importante, una revolución silenciosa, estaba en marcha, que se avecinaban cambios socioculturales determinantes. Este estado psicológico se halla en la base de buena parte de las creencias contemporáneas en lo maravilloso y es habitual encontrarlo entre los defensores y consumidores de lo paranormal. En ese cenagal, la subespecie del periodismo del misterio se acerca cada vez más a las alcantarillas en su incesante búsqueda de basura con que alimentar a sus seguidores y por la sobreexplotación de mercaderías más tradicionales. El ámbito de las conspiraciones de manicomio es siempre un lugar con material reciclable, así que Cuarto milenio no podía dejar de dar espacio a quienes parlotean sobre enfermedades ajenas, caso del ébola. Pero vean en este enlace http://magonia.com/category/iker-jimenez/ la cantidad de desechos que el propio programa ha generado en los años que lleva en antena. ¡Es pura ciencia de vanguardia y romantici$mo ikerjimenista!