“Hay más posibilidades de encontrar dinosaurios que vida inteligente en otros planetas”

Phil Gregory,

Phil Gregory, profesor emérito de la Universidad de Columbia Británica y uno de los profesores en la XXVI edición de la Escuela de Invierno del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC). Crédito: Miguel Briganti, SMM (IAC).

Las casualidades existen, también en ciencia. Phil Gregory lo sabe bien. Una visita a Cambridge durante un año sabático llevó a este radioastrónomo a interesarse por la estadística, pero fue un libro olvidado lo que cambió la vida profesional de este canadiense: “Un día entré en el baño y alguien había dejado allí un libro de Larry Bretthorst. No había ningún nombre en el libro, así que me lo llevé a casa para el fin de semana. Fue como leer un thriller: simplemente no podía parar. Como físico siempre me han interesado los principios unificadores y la inferencia bayesiana, tal como me enseñaba el libro, era un enfoque unificador que básicamente me permitía optimizar la respuesta a cualquier problema científico que me interesara. Así que estaba claro que ése era el camino a seguir”. Profesor emérito de la Universidad de Columbia Británica, aún dedicado a la investigación pero retirado de la docencia -salvo en ocasiones especiales, como esta XXVI edición de la Escuela de Invierno del Instituto de Astrofísica de Canarias sobre Astrofísica Bayesiana- Gregory es además autor de un libro de texto sobre estadística bayesiana, un “esfuerzo colaborativo” junto con sus estudiantes publicado en 2005.

-¿Recuerda el título del libro que encontró?

“‘Bayesian Spectrum Analysis and Parameter Estimation’, de Larry Bretthorst. Intenté averiguar quién lo había puesto allí y descubrí que un colega había estado con el supervisor de Bretthorst, Ed James, en una conferencia y que éste había estado repartiendo copias. Ese año yo era el responsable de los coloquios, así que lo invité y estuve cuatro días con él [risas]. Me invitó a su siguiente encuentro y allí conocí a Tom Loredo [también profesor de esta XXVI Escuela de Invierno], con quien he colaborado desde entonces. He podido aplicar estadística bayesiana a todo tipo de proyectos interesantes que no habría podido contestar con el enfoque tradicional…

-¿Qué tipo de problemas?
“Uno de los más interesantes, un auténtico tour de force intelectual en el que trabajé junto con Tom Loredo fue cómo desentrañar/separar señales periódicas que se esconden entre el ruido de una señal, pero que no sabes de qué naturaleza son. Esto es un problema en cualquier área de la ciencia, no sólo en Astronomía. ¿Hay algún método óptimo para buscar esas señales de las que no conoces su naturaleza, sólo que se repiten periódicamente? Fuimos capaces de encontrar una solución en 1992 y publicamos varios artículos sobre ello hasta el año 2000, aproximadamente, en el que me empecé a interesar por los planetas extrasolares, mi campo durante la última década”.

-Conocemos alrededor de 1.800 planetas extrasolares. ¿Cuáles son los retos actuales en su búsqueda?

“Además de los 1.800 planetas confirmados -o de los que estamos muy seguros-, Kepler ha identificado alrededor de otros 3.000 candidatos. Muchos de ellos están verdaderamente lejos, por lo que es difícil confirmarlos con observaciones independientes por medio de otras técnicas; así que los planes son que otra misión se centre específicamente en estrellas más cercanas para que podamos estudiarlas en más detalle. Los planetas detectados lo han sido o bien por ‘Kepler’ o bien usando medición de la velocidad radial, una técnica en la que medimos la velocidad de la estrella y buscamos pequeñas alteraciones que indiquen la presencia de planetas. Hasta el momento podemos medir velocidades similares a las de un carrito de bebé, aproximadamente un metro por segundo, pero hay planes muy ambiciosos para aumentar la precisión casi por cien: el proyecto europeo ‘Espresso’ y el estadounidense ‘Express’ esperan ser capaces de medir velocidades en torno a los 10 centímetros por segundo. La precisión actual nos permite detectar planetas de aproximadamente una masa terrestre, pero lo que queremos es detectar estos planetas en la zona habitable de una estrella similar al Sol. Esto es lo que esperamos poder hacer con la próxima generación de espectroscopios actualmente en desarrollo. En el plano práctico, la mayor dificultad es la causada por la propia actividad de la estrella -manchas solares, regiones activas…- porque, en determinadas circunstancias, produce una señal muy similar a la que produciría un planeta. Así que en el campo del análisis de datos el reto reside en encontrar la manera de distinguir estas señales… De hecho, tenemos una competición internacional en marcha como resultado de un encuentro anterior en Portugal y los resultados se presentarán probablemente en julio en la Universidad de York”.

-¿Y cuál es el premio?

“Probablemente una botella de vino de Oporto… [ríe] Nos gustaría que fuera un premio millonario, pero a no ser que Google o alguna otra gran empresa se interese… [vuelve a reír]. -Volviendo a los exoplanetas, el mayor reto es entonces encontrar planetas similares a la Tierra. ¿Cuántos conocemos hasta ahora?
“Kepler’ ha encontrado bastantes planetas con un radio de entre 1 y 2 radios terrestres que se sitúan en la zona habitable de la estrella. En muchos casos incluso conocemos su masa. Los análisis estadísticos de esos datos indican que aproximadamente un 22% de las estrellas similares al Sol de nuestra galaxia tienen planetas similares a la Tierra, con una incertidumbre del 8%. Así que esperamos encontrar un gran número de ellos en el curso de nuevos proyectos…no tenemos razón para suponer que somos únicos. ALMA, el radiotelescopio situado en Chile, encontró recientemente una estrella muy joven, HL Tau, de menos de un millón de años, rodeada por un disco rotatorio de gas y polvo, que es donde se forman los planetas. Y lo que vieron es que el disco tenía estos huecos en forma “.
de anillos, siete, que creemos que han sido creados por planetas en formación… vamos a ser capaces de hacer esto de manera rutinaria, ver la formación de los planetas y su evolución…”.

-La gran pregunta sigue siendo si encontraremos vida y si será inteligente…

“Tendremos que mirar un gran número de planetas… La Tierra tiene unos cuatro mil millones y medio de años. Si equiparamos ese tiempo con un año y miramos durante cuánto tiempo ha existido vida inteligente, vemos que son sólo alrededor de 30 segundos… así que, basándonos en esto, es más probable que descubramos un planeta con dinosaurios, que existieron durante cientos de millones de años, que con vida inteligente tal y como la entendemos. Y esto si hablamos de planetas de edad similar a la Tierra, porque los hay más jóvenes y más antiguos. Las futuras misiones serán capaces de analizar la atmósfera del planeta para buscar indicadores de actividad biológica y saber en cuáles centrar nuestra atención… si es que la vida ha evolucionado en otros planetas del mismo modo que en la Tierra. Puede que nos llevemos muchas sorpresas…”.

Por Adelina Pastor (IAC)