Instituto Español de Oceanografía: la ciencia que navega

El buque Ángeles Alvariño

El IEO celebró su centenario con unas jornadas de puertas abiertas del buque Ángeles Albariño / DA

Lobos de mar pero con la mirada en el laboratorio. Así son los investigadores y el personal de apoyo del Instituto Español de Oceanografía (IEO). Su materia de estudio es más misteriosa que el origen del Universo o los agujeros negros pero con ella podemos mojarnos los pies cada día: es el océano. Con los estudios sobre este elemento esencial en nuestro Planeta se puede saber si el cambio climático está haciendo mella realmente en las especies marinas; cómo afecta a los ecosistemas la erupción de un volcán marino o cómo se encuentran de salud los bancos pesqueros que tan importantes son para nuestras economías. El IEO está de enhorabuena porque en este 2014 cumple cien años. Este centro se creó gracias al empeño personal del científico y divulgador Odón de Buen que fue quien impulsó la oceanografía en nuestro país. Un personaje muy interesante rescatado por Antonio Calvo Roy quien intervino hace unas semanas en el acto oficial de conmemoración del centenario del IEO en su centro de Canarias. Un instituto moderno y con una importante producción científica que se encuentra en las instalaciones portuarias de Santa Cruz de Tenerife.

Atrás quedaron las campañas implicadas directamente en las negociaciones de pesca con la Unión Europea y Marruecos donde los datos aportados por los investigadores del IEO eran fundamentales. La actual directora de este centro, Ángeles Rodríguez, conoce bien esa lucha de despachos. Ahora, este centro está imbuído en otros proyectos internacionales. Ha aportado mucho al trabajo más ambicioso de la ciencia española en el último siglo: la expedición Malaspina. También es un centro fundamental a la hora de poder medir los efectos del cambio climático a lo largo de los años; ha logrado la cría en cautividad de muchas especies con interés económico… Su contribución más conocida en los últimos años ha estado vinculada alproyecto Vulcano a través del cual se ha monitorizado el volcán submarino de El Hierro desde su erupción en octubre de 2011 hasta hoy en día, una acción coordinada por Eugenio Fraile.

 

Eugenio Fraile

El investigador Eugenio Fraile explica la función de una roseta oceanográfica / DA

La ciencia se basa tanto en la teoría, en los laboratorios como en la recogida y análisis de muestras. En el caso del IEO sus laboratorios más valiosos son buques como el ‘Angeles Alvariño’ que estuvo la semana pasada a disposición del público tinerfeño para conocer, más cerca, su trabajo. Este moderno buque tiene 46 metros de eslora y en su construcción y equipamiento se han invertido aproximadamente 20 millones de euros. Como la mayoría de la flota científica española, se construyó en Vigo. La visita fue todo un privilegio y en ella se pudo observar alguna de las joyas de la corona de la oceanografía española como es el ROV Liropus, un instrumento con un coste de más de un millón de euros y que tiene la característica de que puede bajar hasta una profundidad de hasta 3.000 metros con una gran precisión pues es capaz de emitir imágenes en tiempo real del espacio donde se encuentra. Este aparato es tan puntero que cuando se utiliza requiere el embarque de técnicos específicos. Eso sí, es esencial para ser muy certeros en algunos diagnósticos marinos. Está dotado de láser y cámaras además del resto de instrumentos.

Otro de los trabajos que se han podido hacer con este buque es la identificación de placton en distintos lugares ‘críticos’ como las aguas de El Hierro tras la erupción volcánica. Este estudio se ha realizado en colaboración con el Museo de la Naturaleza y el Hombre de Tenerife y con él se ha podido constatar la buena salud de estos organismos en el Archipiélago, algo esencial, según explica la investigadora y directora del Museo de Ciencias Naturales, Fátima Hernández, porque “son el inicio de la cadena trófica”. También explicó que se han podido encontrar especies muy raras y que pocas veces se habían citado en Canarias.

En la visita al buque se pudo ver de cerca lo que es el instrumento base de la oceanografía: la roseta. Una pieza cargada con 24 botellas de recogida de muestras que es capaz de bajar hasta los 6.800 metros de profundidad. Así se puede comprobar la salinidad, temperatura, etc. en cada uno de los espacios donde se para la roseta. Una información esencial para el estudio del océano. En el caso de las investigaciones relacionadas con el volcán de El Hierro, el IEO ha recogido muestras desde el 20 de julio de 2011 hasta la actualidad, lo que ha permitido hacer un seguimiento completo de la situación. La principal conclusión que han extraído ha sido que el ecosistema se ha recuperado perfectamente tras la erupción.

El IEO también estudió el tipo de material magmático que emitió el volcán herreño, desde esa primera piedra blanca y negra que se denominó Restingolita porque era única en el mundo y que solo se emitió en las primeras horas de erupción hasta los globos de lava negra que se emitieron los días posteriores. Todo eso fue estudiado por los científicos del IEO subidos a este buque. En este mismo laboratorio flotante se pudo medir la oxidación del agua en esas fechas, entre otros aspectos. El buque está preparado para estudiar la parte física y química de las zonas donde trabajan pero también puede realizar estudios biológicos pesqueros. Aunque lo habitual cuando se quiere hacer estudios de especies con interés económico, los científicos suelen embarcarse en barcos de pescadores, este tipo de buques oceanográficos también pueden tomar muestras de peces. Para ello se hace una simulación de pesca comercial para poder medir la salud de esa especie, tamaño, cantidad, etc. La protección de zonas marinas es otro cometido de buques como el Ángeles Albariño. En este sentido, se realizan investigaciones para comprobar si estas figuras de protección sirven realmente para su cometido. Estos investigadores impulsan, con sus informes técnicos, a la creación de nuevas zonas. En el caso de Canarias proponen dos nuevas reservas marinas en Lanzarote y Tenerife. Lo más impactante de la visita no son los instrumentos ni los datos, es el entusiasmo de su tripulación. Científicos como marinos y marinos como científicos.