Adelia de Miguel: “Es necesario legislar el maltrato en ancianos”

Adelia de Miguel Negredo

La catedrática de Psicología Adelia de Miguel Negredo / foto CEDIDA

Adelia de Miguel Negredo es catedrática de Psicología y ha divulgado sus estudios en los 25 congresos nacionales e internacionales en los que ha participado.

-¿Tiene la percepción de que la psicología como disciplina ha llegado a una etapa de florecimiento en las áreas en las que usted es especialista?

“La psicología de la personalidad, que es mi especialidad, se ha preocupado por las bases biológicas y estructuras cerebrales del temperamento y la inteligencia. Hace poco más de una década se experimentó un importante auge en esta línea de trabajo auspiciado por diferentes laboratorios farmacológicos europeos y norteamericanos. El estudio del cerebro, las zonas del mismo que se activan ante determinado tipo de tareas o estímulos, las conexiones neuronales y los neurotransmisores implicados, el efecto de diferentes sustancias químicas en el funcionamiento del SNC, son algunos de los temas que copan los congresos. Pero también ocupan un relevante lugar los trabajos en genética comportamental y genética molecular, buscando la conexión de los rasgos de temperamento y las distintas inteligencias con las bases que componen el ADN. Estas líneas de investigación deben convivir con un segundo grupo de teóricos preocupados por aislar los compromisos que la personalidad (temperamento, inteligencia, motivación y creencias-valores) tiene con el funcionamiento personal, social y laboral de los individuos. Nuestro devenir diario está fuertemente determinado por la interacción constante entre nuestra personalidad, las demandas situacionales y las normas sociales. Sin embargo, la complejidad del comportamiento humano es tal que debe ser apresado en pequeños núcleos en constante cambio con la evolución propia de la cultura. En fin, que no se pueden establecer normas perennes y generales de comportamiento sino que año tras año se debe seguir trabajando, proponiendo nuevas formas de apresar esa complejidad”.

-Desde hace dos décadas, el grupo de investigación del que usted formaba parte en el Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos de la ULL, ha publicado varias monografías sobre ‘Las habilidades interpersonales en ancianos’. ¿Qué aplicación profesional tienen los conceptos y modelos básicos de los instrumentos creados por el equipo?

“Los problemas interpersonales requieren de unas habilidades cognitivas de solución diferentes a las implicadas en la resolución de problemas abstractos o impersonales. Esas habilidades tiene como objetivo el control de la conducta de los demás y la propia para conseguir que el sufrimiento de los otros y el propio disminuya o no aparezca, pero utilizando siempre medios y procedimientos que son social y éticamente permitidos. Los cinco procesos cognitivos o habilidades interpersonales son la capacidad para ponerse en el lugar de la otra persona y tener en cuenta sus sentimientos para no hacerle daño con nuestra conducta; la capacidad para saber cuáles han podido ser las circunstancias que han podido causar el problema interpersonal en el que nos encontramos inmersos; la capacidad para anticipar las consecuencias de los propios actos o los actos de los demás en relación al problema que afrontamos; la capacidad para generar muchas posibles soluciones y valorar la eficacia y la plausibilidad de cada una de ellas y así escoger la que más posibilidades tiene de resolver el problema; y la capacidad para planificar nuestras conductas con metas pequeñas y anticipando la posible aparición de otros problemas con el fin de lograr la meta final que es resolver la situación interpersonal que nos está causando sufrimiento. Elaboramos un programa base para fomentar estas cinco habilidades que se puede modificar y adaptar a distintos grupos de personas con objetivos también distintos. Algunas de las adaptaciones realizadas son: fomentar la integración de niños invidentes, facilitar el afrontamiento de la enfermedad crónica en enfermos y sus familiares, potenciar la resolución de problemas interpersonales en ancianos sin deterioro cognitivo, apoyar el mantenimiento de esas habilidades de resolución en personas en cárceles de cumplimiento donde a través del tiempo se va deteriorando la capacidad de resolución, ayudar al trabajo de expertos en integración de grupos migratorios”.

– Otro de los temas de análisis es ‘El maltrato de los ancianos en el ámbito familiar’. ¿Cuáles son las principales barreras estructurales que impiden arrojar luz sobre este campo de investigación?

“El maltrato de las personas ancianas se produce en el ámbito familiar y en el institucional. La principal característica que determina que una conducta (verbal o motora) sea calificada como maltrato hacia el anciano es que sea realizada por una persona con la que el anciano mantiene una relación de confianza. Las interacciones diarias de la persona mayor con su entorno más directo (con quien tiene relaciones de confianza) se establecen con su cónyuge, sus hijos, sus nietos, otros familiares y cuidadores. Es difícil para el anciano establecer el punto en el que una conducta de su familiar/cuidador pasa a ser maltrato, y es difícil para el familiar/cuidador identificar cuándo sus reacciones ante el anciano (consecuencia de propias frustraciones, de la mala relación interpersonal anterior, del estrés cotidiana, etc.) producen maltrato. Desde luego, me estoy refiriendo ahora mismo a situaciones de maltrato que no dejan efectos claramente visibles. Por ejemplo, no permitir que el anciano tenga algún objeto personal con un alto contenido emocional porque ‘no encaja con la ideología de sus familiares’, o ‘no va con la decoración de la casa’. Pero estas y otras conductas que sí dejan señales visibles (como negligencia, falta de afecto, alimentación inadecuada, higiene excesiva o defectuosa, etc.) provocan síntomas depresivos, daños y deterioro físico que podrían ser vistos por el personal de los servicios médicos y/u otros familiares o cuidadores. Sin embargo, ese personal no tiene preparación necesaria porque no la ha recibido, no hay protocolos establecidos para actuar en caso de maltrato, no hay establecidos controles adecuados. Y finalmente, no hay una conciencia social de la situación de maltrato porque no se acepta la responsabilidad de cuidado del anciano por parte de sus hijos”.

-Finalmente, usted advierte de ‘la inexistencia de una legislación específica para el maltrato de ancianos en España’ y propone ‘crear una fiscalía especial’. ¿Existe en nuestro país algún colectivo de profesionales u organismo que haya promovido esta iniciativa?

“El IMSERSO se está ocupando de este tema desde hace ya varios años. Se está preocupando de la investigación e intervención para casos de maltrato de la mujer anciana (por ser mujer, por ser discapacitada, por vivir en zonas rurales y por ser mayor), de maltrato en centros residenciales (estudiando los factores de personal, de la organización, y del propio residente) y de personas mayores en situación de dependencia. Y las consejerías de sanidad de algunas comunidades autónomas están trabajando también en el estudio descriptivo y la propuesta de intervenciones, pero que yo sepa, aún no hay ninguna propuesta de fiscalía específica. Conozco un grupo de investigación en la Universidad de Sevilla, encabezado por Rosario Antequera, que está tratando de elaborar un instrumento de medida capaz de identificar si el anciano a quien se quiere incapacitar por parte de sus familiares, realmente presenta deterioro cognitivo, social e interpersonal”.

Puede leer la entrevista en la web
http://canariascienciasyletras.com/